Desde la perspectiva del psicoanálisis es preciso reconocer la función estructurante de la cultura y el impacto que la realidad ejerce sobre las vicisitudes del proceso de subjetivación y el desarrollo psíquico de cada individuo. Asimismo, la compleja trama de los acontecimientos (desde los más contiguos hasta los más periféricos) que constituyen la constelación existencial de cada sujeto, no deja de cobrar relevancia tanto en la identificación de los distintos cuadros psicopatológicos como en la elección y el planeamiento del tratamiento adecuado.
En un contexto de profundas necesidades afectivas, sociales y económicas (que producen desampares constantes en el psiquismo) los abordajes psicoanalíticos pueden ser múltiples y hasta,de acuerdo a algunos autores, cuestionables. Por ello, estamos interesados en reflexionar alrededor de cómo se encuentra aplicándose la psicoterapia psicoanalítica en poblaciones en situaciones de extrema necesidad procedente de la pobreza, la violencia social, el déficit educativo, las carencias afectivas y la urgencia.
¿Se pueden justificar metapsicológicamente los “desarreglos” característicos de nuestras sociedades en precario equilibrio entre atraso y globalización? En esta misma línea, ¿cómo leer el vacío y sus expresiones patológicas; la degradación de las relaciones humanas y la falta de “códigos compartidos”; el culto de la eficiencia y de la productividad; la “cultura de las drogas”; la acumulación pulsional no tramitada inducida por el consumismo y la aceleración de la comunicación; la fragilidad de los vínculos por ausencia de la función paterna en la organización psíquica? ¿Puede la psicoterapia psicoanalítica responder a las necesidades de las poblaciones más desfavorecidas? ¿Cuáles son sus alcances y limitaciones? ¿Cómo se encuentra desarrollándose el encuadre en contextos de intensa demanda? ¿Puede implementarse – a un nivel no sólo individual sino también “macrosocial” – la transición ineludible del principio de placer al principio de realidad?
En un contexto de profundas necesidades afectivas, sociales y económicas (que producen desampares constantes en el psiquismo) los abordajes psicoanalíticos pueden ser múltiples y hasta,de acuerdo a algunos autores, cuestionables. Por ello, estamos interesados en reflexionar alrededor de cómo se encuentra aplicándose la psicoterapia psicoanalítica en poblaciones en situaciones de extrema necesidad procedente de la pobreza, la violencia social, el déficit educativo, las carencias afectivas y la urgencia.
¿Se pueden justificar metapsicológicamente los “desarreglos” característicos de nuestras sociedades en precario equilibrio entre atraso y globalización? En esta misma línea, ¿cómo leer el vacío y sus expresiones patológicas; la degradación de las relaciones humanas y la falta de “códigos compartidos”; el culto de la eficiencia y de la productividad; la “cultura de las drogas”; la acumulación pulsional no tramitada inducida por el consumismo y la aceleración de la comunicación; la fragilidad de los vínculos por ausencia de la función paterna en la organización psíquica? ¿Puede la psicoterapia psicoanalítica responder a las necesidades de las poblaciones más desfavorecidas? ¿Cuáles son sus alcances y limitaciones? ¿Cómo se encuentra desarrollándose el encuadre en contextos de intensa demanda? ¿Puede implementarse – a un nivel no sólo individual sino también “macrosocial” – la transición ineludible del principio de placer al principio de realidad?
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